miércoles, 7 de noviembre de 2012

La NiÑa Encantada


  • La niña encantada
           Érase un gran señor que tenía dos hijas: una estaba para casarse con un conde. Y la otra hablaba secretamente con un mozo pobre y plebleyo.
           Enteróse de esto el padre de la niña y la encerró en un cuarto del palacio.
            Por una ventana se comunicaba con su novio, pero esto se descubrió y el mozo determinó marchar con un señor que iba a pelear contra los moros.
            De acuerdo con los encantadores, el padre cogió a su hija y con el dinero que le correspondía en herencia la llevó a una montaña; un encantador comenzó a leer por un libro, y de una cueva salió el Cuélebre que había de guardar a la niña. Esta, llorando a lágrima viva, rogaba a su padre que no la encantara, pero el tirano la hizo entrar en la cueva y como único consuelo le dijo los medios que tenía que emplear el que se atreviera a libertarla y la dejó allí encantada.
            Mientras tanto, su novio, dispuesto a ganar honores, hizo tantas cosas peleando contra los moros que el rey le hizo noble y le dio armas para su escudo.
            Y con esto regresó y presentóse delante del palacio de su novia. Por un criado viejo que estimaba mucho a la niña, supo lo del encantamiento y el mozo fue a la montaña y registró todas las cuevas sin resultado alguno. Después sentóse a descansar bajo la sombra de un fresno y de pronto oyó la voz de un pastor que iba detrás de su rebaño cantando:
  • Niña que estas encantada
    en la cueva de Cirbián
    he de liberarte yo
    la mañana de San Juan.
            El mozo atravesó corriendo un catollal, llegó al pie de la fuente donde estaba el pastor y le preguntó el significado de la copla.
El pastor le contestó que estando él metido en el hueco de un roble para librarse de la lluvia, había visto, lleno de miedo, el encantamiento de la niña. Y que el padre de la niña al marcharse había dicho a su hija:
  • El que se atreva a desencantarte tiene que presentarse aquí la mañana de S. Juan cargado de reliquias y dar muerte al Cuélebre, de una lanzada en la garganta. 

    Y si no hay quién se atreva a hacer esto - agregó el pastor- lo haré yo cuando sea hombre. ¡ Si supiera usted qué guapa es la nena!
  • ¡Calla! A esa joven me corresponde a mí desencantarla.
            Y la mañana de S. Juan, armado de lanza y cargado de reliquias, presentóse el mozo en la cueva donde estaba encantada su novia y esperó.
            Al poco tiempo sintió un ruido muy grande y vio que en dirección a él avanzaba el Cuélebre silbando y dando golpes con la cola.
            El mozo, aprovechando un momento en el que el Cuélebre se enderezó frente a él, hinchando el cuello, le dio un golpe de lanza en la garganta y le mató.
             Inmediatamente se rompió el encanto y apareció la niña llena de hermosura delante del valiente mozo. Éste la cogió en sus brazos y la depositó desmayada en el campo.
             El pastor presenció la lucha del mozo con el Cuélebre desde el mismo sitio que había presenciado el encantamiento.
              Y cuando vio al Cuélebre caer muerto, fue corriendo a dar cuenta al antiguo criado de la niña. El padre de ésta había muerto el día que la encantó.
              Hiciéronse grandes preparativos en el palacio, y todos los habitantes del contorno se dirigieron a la montaña en busca de los enamorados, los cuáles se casaron a los pocos días. Y dieron al pastor una parte del dinero que había acompañado a la niña en su encantamiento.
 FIN

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